Llegó el día en el que iba a tener que enfrentar a mis dos jefes, al del trabajo y al director del ballet. Iba a ser uno de esos días que definen el futuro de una persona, porque quizas se armaba la podrida y me rajaban del laburo, o del ballet, o de los dos. Dependía de mi, manifestar mis ideas y mantener firmes mis principios, sin que estas dos personas que me tienen agarrada de un pezón se aprovechen de su autoridad y hagan abuso de ella. Mi párpado comenzó a temblar de una manera muy molesta. "Presion ocular" me dijeron, pero ni drogada voy a un médico a que me toque el ojo. Yo se que son los nervios.
Primero, mi jefe. Estuve toda la mañana haciendo planillas, estadísticas, y escribiendo varias hojas A4 con todo aquello que me sirviera para cerrarle la boca y hacer que, en su idioma de jefe joven con complejo de "soy pendejo y no quiero que se burlen de mi juventud" me pidiera disculpas por haberme cuestionado mi trabajo y responsabilidad. Al pedo... tanto tiempo perdido... al fin y al cabo, la reunión era para que lo pusieramos al tanto de que sistema utilizamos para recuperar a los clientes que se dan de baja en el call center de Atención al Cliente en el cual trabajo.Necesitaba información de todas las maneras que utilizamos para bajarnos los pantalones y darles a los clientes lo que necesiten con el fin de que se queden en la empresa.
Safé. Uno menos. Sigo trabajando.
Se hicieron las ocho y fuí al ensayo como siempre, pensando en el camino que era excatamente lo que iba a decirle al director del ballet. Cuando el mismo es quien me llama, y me consulta el por qué del faltazo del viernes. Le conté el motivo, y le dije que no entendía por que me había atocigado con mensajes de texto como si hubiera faltado siempre, o como si me hubiera rascado un ovario en todos los ensayos. No me pidió disculpas, desde ya, pero si se justificó a su manera, diciendo que estaba nervioso por X motivos y mucho blablablabla salía de su boca sin que mi cerebro de persona que labura 9 horas y está acá hablando esta pelotudez entendiera.
Al final, fueron puros ladridos los que amargaron mi fin de semana. Los que me hicieron idear de que manera iba a discutir y de como me iba a quedar sin mis dos actividades por bancar lo que pienso. Puros ladridos...
Nota mental: No dejar que nunca mas me quieran forrear.
Mi temblor del ojo desapareció.
miércoles, 19 de septiembre de 2007
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1 comentario:
Que horrible es cuando, después de horas de trabajo, viaje, discusiones, etc. etc., el cerebro no te responde más y, para PEOR, te siguen dando indicaciones jefe/s o profesores.
Algo así me pasa mientras escribo por la noche. Creo que mis dedos se mueven por inercia y no porque -realemnte- desee escribir lo que termino entregando como Crónica, Noticia, Nota Color.. o lo que pida el profesor.
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