El viernes tuve un día super tranquilo... ya se respiraba ese airecito de fin de semana, que nos hace tomar las cosas de una forma mas relajada, mas paciente... tan solo nos separan un par de horas de la libertad, de esa alegría inmensa que sentimos cuando bajamos el último escalon, o cuando cerramos la puerta que da a la calle. Cuando vamos caminando hacia la parada del colectivo o subte y mientras tanto planificamos todo lo que vamos a hacer el fin de semana.
Una hora antes ya se palpita esta sensación, y mi mirada se dirije unicamente al relojito que está abajo a la derecha del monitor. Ese relojito que marca 4 minutos de menos, y me hace pensar que me estoy yendo 4 minutos antes. Una hora antes, una ventanita de msn se abre y es de mi jefe, quien está en su oficina a escasos metros de mi escritorio, quien me consulta sobre las bajas de los clientes del provedor de internet donde trabajo el cual ese mes no estuvo funcionando del todo bien y que provocó que muchos clientes se den de baja. Está muy enojado, porque al parecer le bajaron línea a él y él nos baja a nosotros y se desquita, y nos hace sentir que nuestro trabajo no vale la pena y que no estamos haciendo nada, que venimos a calentar la silla y que las nueve horas que estamos acá adentro trabajamos lo mismo que si estuviéramos en nuestras casas. Me indigno, porque sé que trabajo mucho mas que cualquiera y que no me merezco esa llamada de atención, pero sigo mirando esa hora inamovible que parece no llegar nunca a las seis.
Me voy a mi casa, me subo al subte y mi cabeza parece ir mas rápido. Pienso en todas las cosas que le diría y en la bronca que me da que no se valore mi trabajo. Me pongo mal, aguanto el llanto porque después de todo, sé que no es para tanto. Llego a mi casa y me dispongo a prepararme, para ir al ensayo de los viernes del ballet de danzas al que pertencezco. Pero me siento muy mal, y pienso que en este momento, nada mas quisiera que quedarme en mi casa, darme una ducha y mirar la tele, relajarme y olvidarme del episodio de hoy en el trabajo. Y noto que mi trabajo en el ballet tampoco es valorado como creo que corresponde, porque nunca me destaco del montón y porque siempre tengo que recibir retos en masa cuando soy la que mas cumple en asistencia y responsabilidad. Decidí no ir. Me dió culpa, sentí que tenía que cambiarme y salir corrient, pero enseguida recordé que estaba priorizando mi salud mental y que si no iba era porque necesitaba descansar.
Y lo que no había esperado pasó. Suena mi teléfono. Me llegó un mensaje de texto. Supongo que es de mi mamá, y voy a ver que me escribió. Cuando vi que no era de mi mamá. Era del director del ballet, quien me cuestionaba el por qué no había ido, y que quería una respuesta con urgencia. No le contesté. Sentí miedo, pero a la vez una injusticia inmensa, porque sé que a esas chicas que faltan cada dos por tres, porque se les rompe una uña o porque le duelen los ovarios no las atociga con mensajes de texto, sino que se ríe con ellas y las destaca mas que a ninguna en el ballet. Porque son las favoritas. Las que el quiere. Las que son indispensables. Me llega el segundo mensaje, diciendo que necesita una respuesta urgente, y que era la última advertencia. Sigo asustada, pero ya no hay vuelta atrás. Ya estoy jugada y tengo que bancar mi excusa, mi mentira aunque me cueste la vida. Empiezo a pensar qué le voy a decir... cual va a ser mi perfecta justificación que no va a dejar que emita palabra alguna en mi contra cuando recibo el tercer mensaje. Necesita hablar conmigo y me va a llamar en la semana.
Hoy recibí un mensaje, diciendo que hoy hay ensayo nuevamente y al finalizar tendremos una reunión grupal. Ya tengo exactamente lo que voy a decir. No voy a perder tiempo justificando mi ausencia del viernes. Voy a apuntar directo a la falta de valoración a mi trabajo. De la falta de respeto de llenarme de mensajes cuando ni siquiera se sabía la causa de mi ausencia. Podía estar tirada atropellada por un colectivo, o con un infarto internada en un hospital luchan do entre la vida y la muerte, y el señor director del ballet escribiendo mensajitos intimando a que me presente al ensayo.
Me cansé de tener que cumplir con todo el mundo menos conmigo misma. De tener que posponer mis cosas para cumplir con gente que no me valora ni valora mi trabajo. Hoy es el día en el que me voy a rebelar ante el director del ballet. El día que voy a decirle en la cara todo lo que pienso de el. Que estoy cansada de sus favoritas. Que estoy cansada que a ellas le permita cosas que al resto no les permite, como faltar o llegar tarde. Que se jacte de su igualdad y de su no-favoritismo cuando lo demuestra a diario. Me cansé de ser el patito feo. Hoy es el día en que me convierto en Cisne. Es el día en el que se va a enterar quien soy.
lunes, 17 de septiembre de 2007
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