Notaron como compite la gente por la calle?
Yo noto que cada vez estoy mas competitiva, gracias a la gente que veo día a día.
Desde que salgo de mi casa, estoy pensando en llegar rápido a llamar al ascensor para no tener que esperar a que vaya hasta planta baja para volver a subir, dado que salgo a una hora a la que la gran mayoría de la gente de edificio sale. Llego al subte, y acá es donde vivo el desafío más grande del día.
Ya sé donde pararme para que me toque lo mas cerca posible la 2 puerta del anteúltimo vagón, que es la que me va a dejar en la estación José Hernández mas cerca de la escalera mecánica, así soy la primera en subir y no tengo que lidiar con ninguno que quiera darle el uso que corresponde a una escalera mecánica, que es el de quedarse parado esperando a que suba. Pero no siempre es tan fácil la cosa, a veces noto ya desde la estación Olleros hay alguien que se aproxima a la puerta queriendo ocupar mi lugar de “primera en salir”, entonces si no estoy muy dormida y mi cerebro reacciona mas rápido, trato de aproximarme a la puerta antes de Olleros, para que una vez que la gente termina de subir, ponerme pegada a la puerta y que nadie me saque el lugar. Aunque a veces estoy muy dormida y no me doy cuenta, y a la primera de cambio 5 o 6 personas están taponando la salida, para que una vez que la puerta abre en mi destino caminen como pisando huevos impidiendo que yo pueda pasar y salir rápido.
Ahí es donde empujo cual recital de Maiden en el momento en el que apareció el Eddie gigante y yo estaba en la otra punta.
Y por que el apuro?
Porque sí.
Porque siento esa adrenalina por ser primera.
Porque quiero ganar el premio “escalera mecánica” del día.
A la vuelta, lo mismo. Me compro la tarjetita subtepass para no tener que hacer cola, y desde que bajo la escalera siento esa sensación de correr hasta el andén, como si fuera una carrera. No soporto que se me vaya el subte en las narices, porque si me pasa pienso en qué falle en mi carrera, o dónde perdí ese minuto que me llevó a perder el subte. Me subo en la última puerta del 2º vagón, porque esa es la que me deja en la puerta de la salida de la estación Carranza. Nunca falla. Se abre la puerta y tengo el camino directo hasta la escalera, de allí hacia el pasillo y de a poco ya respiro mas profundo, me relajo y doy por terminado mi desafío.
No se por qué.
Porque la gente me hizo así, supongo.
O porque cada día tengo la cabeza mas quemada...
lunes, 29 de octubre de 2007
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3 comentarios:
Muy buen texto, che. Me gusta la actitud de aceptacion que le das a la aventura diaria de correr hacia ningun lado.
Aunque te confieso que detesto el apuro -aunque a veces me consuma la voragine- y la proxima vez que alguien camine en frente tuyo "como pisando huevos" pensa que podria ser yo! =)
Años atras, en mis primeros pasos por la city porteña, intentaba eludir:
la necesidad de correr el subte, el colectivo, el tren..
adelantarme en la cola de las boleterías para llegar antes al anden...
cruzar en "L" cuando un semáforo me detenía para no demorarme...
caminar por detrás de los puestos de diarios para esquivar el tumulto que suele haber entre ellos y la pared de algún local de la Avda. Corrientes
.. muchas otras particularidades de los que caminan las agitadas calles porteñas solían ser ajenas a mis costumbres. Sin embargo, desde hace tiempo que el paso apurado por detrás me obliga a caminar aún más rápido.
Creo que nos acostumbramos a correr aunque tengamos tiempo.
Y a veces en la vacaciones también me veo corriendo pa llegar a algun lado y no doy cuenta que no tengo apuro cuando las piernas me duelen...
Es la ciudad, es Buenos Aires lo que nos pone así.
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