miércoles, 9 de enero de 2008

Indispensabilidad

Antes que nada, muy feliz año para todos los lectores de este blog.

Acá estoy en casita, de vacaciones… ya que son las mejores vacaciones que puedo tener. No me gusta viajar, no me gusta la costa, ni la gente, y nada me causa mas placer que tirarme a tomar sol en la terraza manguereandome cuando tengo calor. Igualmente lo que mas me interesa es desenchufarme un poco del trabajo, ya que desde Octubre de 2006 que no tengo vacaciones mas que los fines de semana largos.
Me sentí en la necesidad de tomarme la primer quincena de Enero, ya que no aguantaba un día mas en la oficina, y además juntaba los días con el 31 y el 1°, convirtiendo mis 14 días reglamentarios de vacaciones en un par de días mas, sumados al fin de semana del 29 y 30 de diciembre. Traté de dejar todo en orden, porque desde el último día que trabajé supe que cuando volviera todo iba a ser un caos. Delegué algunas tareas que no podían esperar. Pocas. Porque respeto el trabajo de los demás, y aunque estas dos chicas que trabajan conmigo estén todo el tiempo chateando con el msn como si fuera un cyber no me da ningún derecho a llenarlas de trabajo que en definitiva, me corresponde hacerlo a mi.

Primer día de vacaciones. Pensé en mis compañeros trabajando, y yo me vi en bikini con mi bronceador en la mano y sonreí. “Me lo merezco”, me dije, y me dispuse a tirarme cual lagarto a tomar sol hasta quedar como el negro que vende pulseritas en la calle. Pero me mató la curiosidad… y desde mi casa entré a mi correo laboral, a ver quien me tiró algún trabajo para hacer, y quien le respondería “mmm estoy de vacaciones… daselo a otra persona muajaja”. Y dicho y hecho. Trabajo para hacer, pero de ese que yo sola puedo hacer. De ese que se hace en ese sistemita el cual yo sola tengo la clave y el cual su funcionamiento no puede explicarse a distancia. Sentí ganas de cerrar todas las ventantas y volver a tomar sol, pero a la vez sentí una sensación de culpa por no hacerlo, y pensé en que quizas retrasar ese trabajo hasta mi regreso podía perjudicar a otras personas. Entonces, pedí algunos datos que necesitaba y me dispuse a hacerlo en mi casa. A distancia. En mis vacaciones.

Pareciera de soberbio pensar que uno es indispensable en su trabajo, ¿no? Todos lo pensamos... Pero por momentos, las situaciones que vivimos nos hacen creer que en verdad somos necesarios en nuestros puestos y que si nosotros no estuvieramos ¡vaya uno a saber que pasaría! ¿Quién haría este trabajo si yo no estuviera?
Son los momentos en donde debemos dejar de sentirnos “bichos de oficina” y sentirnos que somos verdaderamente importantes… mas allá de las presiones que vivimos a diario.


Ojalá el sueldo fuera equivalente con nuestra importancia en el puesto, ¿no? Bueeeeh todo no se puede.

1 comentario:

Valentina dijo...

Creo que sos demasiado responsable!!
Alguien te dijo que si no se hacia se caia la empresa? Tu jefe que dijo de esto?

Yo no puedo hablar mucho porque soy igual jajajaja, pero que se yo, tenes que disfrutar!! Te lo mereces!!